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Homenaje de Marietta a Gatucha

 

 

Partió mi gata Gatucha. Sus pequeños riñones se negaron a seguir funcionando. Fue una gata valiente, fuerte, muy hembra, una sobreviviente. Sus alaridos hicieron que la sacara de un contenedor de basura en calle Viollier, hace casi quince años. Estaba dentro de una bolsa amarrada y pataleaba por su vida.

 

Era pequeñísima, de un mes más o menos, gris y beige. Tal era su temperamento, que no quiso aceptar el nombre que le puse (Lupita) y sólo daba vuelta la cara cuando le decía Gatucha. Me resigné y fue bautizada Gatucha, que derivó a Guatucha en un momento de su vida en que estuvo algo más que gordita.

En mi casa conoció a Gatucho, el amor de su vida, y fue su novia, amiga y cojín hasta que él partió, en 2009. Defendía su relación con uñas y dientes, a tal punto que una vez se lió a golpes con cierta gata negra que venía a ver a su amado.

Valiente, una vez que regresé al departamento de Viollier la vi dando alaridos en la ventana. Entré al edificio y ahí estaba ella, gritando en la escalera. Habían forzado la puerta. Lo cómico es que los machos, gato Jack y Gatucho, estaban escondidísimos.

Bella Gatucha, compañera de vida, amor sin condiciones, mi primera gata, gata de mi juventud y mi adultez, gata de mis dos casas de mujer independiente, gata hermosa, fuerte, femenina y ronroneadora. Testigo de mis cuitas y mis alegrías, de mi ser periodista y mi amor al teatro, de mi encontrar el amor, de mis amigos del alma. Gatucha, gracias infinitas por haber estado aquí…