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VIDA DE BEBÉS Y GATOS

VitorioCuando supe que estaba embarazada, frente a mí se esgrimió la imagen terrorífica de un gato devorándose a mi hijito… o asfixiándolo o aplastándolo… la clásica pregunta de quienes te rodean de: ¿qué harás con el gatito? Porque no pensarás tener un gato y un bebé… los pelos lo pueden asfixiar, y con tono de sentencia te dicen: “los gatos son muy celosos”. Ante este escenario, medité y contemplé los ojitos de ternura de mi gato Vitorio, quien durante meses había dormido en mi cama, entre mi marido y yo. Acto seguido, tomé la decisión de educar a Vitorio, acción que consistió en preparar la pieza de mi hijo con unos tres meses de anticipación, ya que me propuse acostumbrar a mi gato a este nuevo ambiente y que él lo reconociera y se habituara. Al principio fue difícil, ya que él insistía en dormir en la cuna, ante lo cual yo lo retaba, y lo echaba en forma brusca. Al no tener resultados, actúe de manera contraria: al encontrarlo una tarde en la cuna, lo tomé cariñosamente, lo acaricié y lo puse en su cama, y seguí haciéndole cariño…. SANTO REMEDIO, nunca más se acostó en la cunita.

 El 28 de febrero nació Tomás Alberto, y realmente Vitorio se ha portado excelente. No voy a negar que cuando dejaba sobre mi cama a mi hijo, tenía un poco de temor de que mi gato se acostara sobre él, o que le pasara la lengua, pero nada. Vitorio nos acompaña siempre, si estamos con mi hijo en la cama, Vitorio se recuesta a los pies… aunque cuando me encuentra sola, exige cariño exclusivo para él.

 Lo importante es no marginarlos de la nueva dinámica de la casa, sino incluirlos. Muchas veces, al verme amamantar a Tomás, se acercaba, y yo con mi mano desocupada le acariciaba las orejitas. Hay que mencionar que Vitorio es un gato limpio, con visita de la veterinaria una vez al mes.

Vitorio el Super Gato

 Para concluir esta historia y que espero destruya mitos relacionados con la convivencia entre gatos y bebés, les quiero contar que hace dos noches Vitorio salvó la vida de mi hijito. Tomás estaba recuperándose de un resfrío, por lo cual estaba durmiendo en mi cama junto a mí. Esa noche, Vitorio se subió en mi cara, me pegaba con su patita en forma insistente, yo agotada, lo sacaba para que no me molestará más, pero él volvía con más vehemencia, hasta que logró que yo me despertara bien, y al mirar a mi hijo, vi que le había caído un almohadón en su carita y no respiraba bien. Doy gracias que no sucedió nada grave, pero queda la interrogante de que si Vitorio no me hubiese despertado, no sé que le habría pasado a Tomás. Ahora es SG (Súper Gato).

Escrito por Montserrat Callis para Centralvet